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Maldición
Maldigo, con la más rotunda de las maldiciones,
 a quienes, por estas fechas u otras,
abandonan a sus animales de compañia.
 No son dignos de los unos y de la otra.
 Les deseo que un día sean ellos los abandonados
(y seguramente acabarán por serlo)
de sus mujeres, sus hijos, de sus amigos...
Por egoístas despreciables.
Por posponer a un ser vivo, dependiente,
amable en estricto sentido,
generoso y fiel,
a sus propios proyectos de vacación y de comodidad.
Por rescindir una relación cuando les parece conveniente.
Por hijos de la gran puta. Con perdón.
Antonio  Gala
(Periódico El Mundo)

Recogéis a un perro que anda muerto de hambre,

lo engordas y no os morderá.

Esa es la diferencia más notable

entre un perro y un hombre

Mark Twain.

 

         

 

 En el estado español se abandonan al año más de 200.000 animales de compañía,
de los cuales apenas sobrevie el 10%.
Se acerca el verano, época en la que, el número de animales abandonados
aumenta de forma escandalosa.
En muchos casos, se trata de cachorros
que fueron el regalo de Navidad de algún niño/a;
animales que han crecido,
han dejado de ser un juguete deseado.
Son seres que están indefensos
ya que no han podido desarrollar muchos de sus instintos (caza, búsqueda de refugio...);
que han sido acostumbrados, desde que nacieron,
a depender de los humanos.
Tras ser abandonados, la gran mayoría de estos animales
tiene un amargo final.
Una gran parte de ellos mueren atropellados en las carreteras
o vagan durante semanas por los campos y las ciudades,
con una profunda tristeza, pasando hambre,
heridos o con enfermedades infecciosas.
Algunos acaban siendo utilizados por personas sin escrúpulos,
como carnaza en peleas organizadas de perros.
Puede ser que sean capturados
para el tráfico ilegal de animales para experimentación,
sufriendo y muriendo en algún laboratorio.
 Otros, tras unos días de estancia en perreras,
serán sacrificados.
En el mejor de los casos serán recogidos
en refugios de asociaciones de defensa de los animales,
 si es que aún les queda espacio.
Muy pocos sobreviven en libertad
o son recogidos por personas que se interesan por su bienestar.
El es uno  más de la familia.
¿Cómo vas a permitir que le ocurra algo así?
Prepara con antelación el viaje con tu perro, gato, pájaro...
Consulta con tu veterinario.
Consulta previamente los hoteles, campings y demás alojamientos
que permiten llevar animales de compañía.
Si no puedes llevártelo contigo,
busca a una persona allegada que se haga cargo de atenderle.
O llévalo a una residencia canina o felina
durante los días que vayas a ausentarte.
Si ellos se fueran de vacaciones,
no dudarían en llevarte...
puede ser muy divertido viajar juntos. 

 
DECÁLOGO MORAL
CONTRA LA CRUELDAD
CON LOS ANIMALES

 

Creer que somos los únicos individuos
que podemos sufrir
- y ser perjudicados por la conducta humana-
 no es más que un prejuicio especista,
en el que irracionalmente se ha basado la tradición cultural occidental.
 La capacidad de sufrir física y psíquicamente
debe ser la base de respeto que ha de condicionar nuestras relaciones con los demás animales,
que no deben estar sujetos
a ningún tipo de violencia o crueldad, independientemente de cual sea
la especie a la que pertenecen.
 Este código moral pretende ser un alegato
contra aquellas conductas,
muy extendidas en nuestra sociedad,
que no respetan este principio ético básico.
 
1. Contra las corridas de toros.
        Debemos acabar con la promoción
de las corridas de toros
 y lograr la abolición
de estos espectáculos aberrantes que,
en nombre de un supuesto "arte",
 representan una doble inmoralidad,
porque, además de ser un biocidio
-basado en la tortura despiadada
de un ser vivo, por diversión-,
las leyes que las regulan permiten y exigen
que tales espectáculos se realicen
de la forma más indigna y cruel con los animales.
La tortura de un ser vivo no es arte ni cultura.

2. Contra la experimentación comercial,
industrial o militar con animales.
        La experimentación animal,
en tanto que manifestación extrema de crueldad hacia los animales
y componente fundamental de una falsa ciencia,
construida sobre el paradigma de una violencia,
carente de verdaderos criterios científicos,
constituye también un riesgo para nuestra salud
y un atentado a los derechos humanos
y de los animales.
Por lo cual se debe proscribir
toda experimentación no científica,
ya sea de orden médico--científico, comercial
o de cualquier otra naturaleza.

 

3. Contra la experimentación
educativa con animales.
 La privación de libertad a los animales
y la utilización generalizada de técnicas crueles,
con motivos didácticos,
como la vivisección -disección de animales vivos-,
es inmoral,
ya que no hay criterios éticos ni científicos
que justifiquen tales actitudes.
Por lo tanto, debemos usar métodos no violentos,
tales como los medios audiovisuales, modelos y simulaciones por ordenador.

4. y 5. Contra la caza deportiva y comercial
y la alimentación cárnica innecesaria. 
  Atentar contra la vida de los animales
 para satisfacer los caprichos del paladar
u otras falsas necesidades,
como vestirse con las pieles de los animales,
son distintas manifestaciones discriminatorias
de un especismo irracional
que consiste en creer que toda la naturaleza
está a disposición de la subjetiva voluntad
de los seres humanos.

6, 7 y 8. Contra los recintos zoológicos,
la cría intensiva de animales de granja
y su transporte degradante y cruel.
        Mientras continúe la explotación de los animales
tenemos el deber moral
de no causarles ningún daño con nuestra conducta,
permitiéndoles, en todo momento,
un entorno digno y la plena libertad de movimiento.

9. Contra las escenas crueles y violentas protagonizadas por animales
en cine y televisión
y la apología de las mismas.
        Debemos promover las actividades culturales, pedagógicas y formativas,
que fomenten un mayor respeto por los animales,
 especialmente si van dirigidas a los niños,
e impedir y condenar
cualquier acto cruel y degradante.

10. Por la penalización de estas prácticas.

        Si los principios fundamentales y la supervivencia de toda sociedad civilizada
dependen del respeto de unas leyes
- recogidas en su Código Penal -
que permiten,
mediante la garantía del derecho a la vida,
la convivencia pacífica ciudadana,
la tipificación del delito de crueldad
contra los animales
en el Código Penal nos permitiría, igualmente,
dar el primer paso previo a unas relaciones más armoniosas con ellos.
      
  Si resulta arbitrario mantener
 que sólo la vida humana tiene valor,
sería, por tanto, irracional,
no convertir en leyes las máximas
de este decálogo moral.
 

      

      
 

 

   


 


Thelma in Thimbleland | towanda4002@hotmail.com